Mi clase de Lengua y Literatura

Cómo dar clase de esta materia tan temida y tediosa para los alumnos es una de las cuestiones que siempre ha rondado en mi cabeza y a la que ahora, en el Máster, estoy tratando de dar respuesta. Por eso, lo que exponga aquí no es más que una reflexión, a grandes rasgos, de la situación actual en las aulas y las conclusiones a las que he llegado hasta lo que llevamos de curso. 

Desde mi experiencia académica y durante las dos semanas de prácticas en el colegio, he visto que los métodos de enseñanza de Lengua no han cambiado tanto como me esperaba. Es cierto que resulta difícil impartir la materia de forma atractiva cuando los alumnos no presentan mucha iniciativa por aprender sobre ella y el profesor tiene que seguir el libro de texto que se le asigna. Digamos que el punto de partida complica bastante la tarea de explicar y sugerir a los jóvenes la importancia de ahondar en cada una de las ramas de la lengua, así como de su aplicación en el día a día. 

De hecho, la pregunta más común entre los alumnos suele ser la utilidad de esta materia en su vida diaria, cuya respuesta es tan fácil y evidente que se nos olvida: para todo. Lo común de todas las disciplinas del saber, ámbitos cotidianos y relaciones que tengamos comparten la lengua como vehículo de comunicación. Sin ella no podríamos desarrollar nuestra vida con normalidad, y sin sus estrategias tampoco comunicarnos con eficacia ante cualquier situación. La lengua es, pues, el punto de partida de todo acto comunicativo. La forma y la corrección con la que la utilicemos en cada escenario es, después, lo que garantizaría el éxito o no de aquello que queremos trasladar. 



Una vez que se les ha intentado trasmitir esto a los alumnos, es el turno del profesor de moldear la enseñanza de la materia de acuerdo a los intereses y a la realidad del alumnado. Creo que funcionaría tirar de plataformas virtuales que emplean a diario (WhatsApp, Twitter, Instagram, YouTube, etc.), analizar cómo es la lengua que utilizan sus youtubers o instagramers favoritos, trabajar la literatura de forma comparada a través de las adaptaciones audiovisuales de obras clásicas y navegar por las ambigüedades y perlitas lingüísticas que nos dejan los medios de comunicación. Ahora bien, ¿es posible llevar todo esto al aula?¿Y cómo?

Un ejemplo práctico podría ser la labor que realizan Cristian Olivé y Èlia Riudavets, profesores de Lengua y Literatura Castellana en la Escola Joan Pelegrí de Barcelona. Ambos se han convertido en una especie de referencia docente para aquellos que quieren acercarse un poco más a la realidad de sus alumnos y motivarles desde ahí para aprender sobre Lengua. Estos profesores han conseguido meter a 30 autores literarios en la casa de Gran Hermano, han utilizado el videojuego Fortnite para estudiar el género distópico y han visualizado algún que otro roomtour –ruta visual de una habitación– en Youtube para trabajar la descripción. En sus clases, tan pronto se dibujan cómics, como se encajan los acertijos y adivinanzas en un scape room, se idean juegos de mesa o se diseñan tazas con el ordenador, todo ello teniendo la lengua como eje de aprendizaje. 

Ambos docentes han dado a conocer su labor a través de sus perfiles en las redes sociales (referenciados al final del post), donde han tenido un alcance que les ha servido para publicar varios libros acerca de la revolución que debe darse en las aulas y en la educación, junto a diarios a modo de material escolar para impulsar la educación emocional entre los jóvenes. Han ofrecido reportajes, charlas en diferentes congresos y centros, y hasta Olivé se creó un canal de Twitch que emplea ahora como ágora donde comparte ideas y técnicas. 

Dentro de este método, habría que ir ajustando el temario y añadiendo dinámicas diferentes según los nuevos elementos que se detecten en el mundo de los alumnos. En este sentido, cada año sería un reto también para el profesor conocer a sus alumnos y entender lo que está pasando. Si se quiere que el aula avance al mismo ritmo que la sociedad, el docente debe estar observando y escuchando constantemente. Claro está que este método es difícil llevarlo a cabo en todas las clases porque requiere más horas de planificación de las que dispone un profesor; aun así, creo que conviene tenerlo en cuenta para determinadas ocasiones. Otro obstáculo es el propio libro de texto con el que en muchos casos se debe trabajar, pero sería interesante incluir alguna actividad que gire en torno a las pinceladas que hemos dado de este sistema de enseñanza. 

Como todo, quizás suene utópico, pero en mi caso me gustaría poder ir poniéndolo en práctica para que haya un cambio y las clases de Lengua dejen de ser las más incomprensibles y aburridas para los jóvenes.


Twitter: @EliaRiudavets, @xtianolive

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