Gramática en el aula

Cualquier docente escucha continuamente a los alumnos comentar por los pasillos la complejidad de las ecuaciones que han podido resolver en Matemáticas, los líos y enfrentamientos de las familias reales que han estudiado en Historia, así como las partes de los sistemas del organismo humano que han visto en Biología. Sin embargo, mientras comparten penas y alegrías, no se dan cuenta de que entre todas las disciplinas que aparentemente no guardan ningún tipo de relación hay una que las une, a pesar de ser la menos valorada por ellos: la Lengua.

La lengua es la forma por excelencia de comunicarnos con nuestro alrededor y también con nosotros mismos. Esta puede adoptar una forma oral o escrita, y se ha camaleonizado de tal manera que ha pasado a ser mayormente virtual en un mundo en el que trabajamos y socializamos a través de móviles, ordenadores y todo tipo de artilugios electrónicos. Resulta obvio que si la lengua no fuera capaz de adaptarse, no le sería de utilidad a los hablantes. Han surgido pues palabras para designar todas las nuevas realidades que ha traído la revolución digital, mientras que otras han cambiado su apariencia e incluso significado. También son más habituales los vulgarismos y se detectan ciertas licencias gramaticales y léxicas sin importar el contexto comunicativo. Por ejemplo, aunque su presencia haya estado siempre con nosotros, cada vez son más habituales los dequeísmos, los desdoblamientos del género, –propuestas de morfemas que pretenden sentar la base de una revolución social– o el cansino y hasta vergonzoso discurso del odio repleto de insultos y ataques personales con posible origen en el Congreso y, por ende, en la calle y en la red.

A pesar de tener diariamente delante de nosotros dicho cambio constante de la realidad lingüística, los alumnos siguen pensando que el ámbito de la lengua poco tiene que ver con ellos. Parece que los profesores tampoco saben cómo hacerla más atractiva de forma que los alumnos entiendan su utilidad y sepan aplicarla al día a día. Quizás el problema fundamental, sobre todo con el ámbito de la Gramática sea esa: saturar a los jóvenes con la transmisión de contenidos y reglas gramaticales, mientras que falta ir un paso más allá y enseñarles para qué sirve realmente.

Por muchos discursos que intentemos elaborar como docentes para convencerles, convendría prestar más atención a trabajar la Gramática en el aula de forma que reflexionen sobre ella. De hecho, creo que haciéndolo así se fomentaría la competencia comunicativa, porque entender cómo funciona la lengua puede ayudarnos a conocer aquellas herramientas que nos permiten comprender y elaborar textos más eficaces y comunicativos.

Hasta ahora, la Gramática se ha trabajado mediante ejercicios de mera categorización de elementos, ante los cuales hay una previa explicación del fenómeno a analizar. Sería más interesante plantear, por ejemplo, ejercicios de reflexión sobre secuencias ambiguas. Se podrían llevar recortes de titulares de prensa al aula para que los alumnos descifren dichas ambigüedades y reflexionen sobre su repercusión. Este ejercicio permite trabajar sobre contenidos como los antecedentes, complementos adyacentes, polisemias y homonimias. De hecho, es un buen recurso para hacerles reflexionar sobre la función sintáctica que la secuencia ambigua cumple en la oración. Se pueden plantear preguntas como: "¿Por qué se producen esos dobles sentidos?¿A qué complementan, en realidad, esos elementos que hacen dudar? "Twitter es una gran fuente de inspiración para este tipo de actividades en las que el objetivo debe ser hacerles ver a los alumnos que el o los sentidos de una oración se esconden detrás del orden y la estructura de sus elementos lingüísticos.

Respecto a la sintaxis, también me parece interesante trabajar sobre el análisis inverso, de manera que no se trate solo de reflexionar, sino de fomentar y mejorar el uso de aquella. Hablo de ejercicios en los que se les dé a los alumnos una estructura concreta y sean ellos quienes creen las oraciones. Por ejemplo, pedirles una oración simple con verbo intransitivo, complemento de régimen y complemento circunstancial de tiempo y elaboren algo del estilo "Hoy me fiaré de tus consejos". Si los alumnos nos contestan que así les hacemos pensar mucho, será señal de que vamos por buen camino. 

En esa misma línea, se me ocurre trabajar con aspectos gramaticales a través de YouTube, sobre todo para reflexionar sobre las estrategias gramaticales que se suelen emplear para elaborar títulos que resulten más persuasivos y que inciten al clic: se puede analizar el efecto que provocan los adjetivos superlativos en comparación con los otros grados adjetivales, los pronombres demostrativos para elaborar oraciones como "no hagas esto jamás" o "este es mi nuevo cambio de look", e incluso el empleo de adverbios de modo como en "así es como te sentirás si ves esta película", con el objetivo de despertar un mayor interés por el contenido que muestra.

Por último, conviene hacer mención especial a la tan maldicha ortografía. Los alumnos suelen argumentar sus faltas diciendo que son despistes o que las cometen por ser más rápidos. Es evidente que hasta los docentes en nuestro día a día escribimos por las redes con errores ortográficos, pero lo que se ha de intentar transmitir a los alumnos es que lo importante es la conciencia que tienen sobre ellos. Es decir, que si yo escribo "hay café echo" sea porque se me ha resbalado el dedo al pulsar sobre la h y no porque lo haya confundido con el echar de echarte de menos o echarme la siesta.

El uso que hagamos de la lengua, la forma en la que la utilicemos y la manera en la que construyamos nuestros discursos habla continuamente de nosotros. Al igual que lo hace la ropa que nos ponemos, el peinado que llevamos, nuestra forma de comportarnos y nuestra forma de interactuar con el entorno. Por eso cuanto más incidamos en los aspectos lingüísticos y, en concreto, con los gramaticales, mejor nos comunicaremos, más cerca estaremos de conseguir lo que nos proponemos y mejor entenderemos los textos ajenos. Nuestra escritura nos sirve también como carta de presentación. Cuidémosla y trabajémosla.


P.D.: La Gramática también sirve para hacer humor...





Nota: imágenes extraídas de la web El profesor don Pardino

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